Las tensiones comerciales entre Ecuador y Colombia, marcadas por medidas arancelarias, están dejando sin sustento a decenas de familias en la provincia del Carchi, cuya economía depende históricamente del intercambio fronterizo.

Habitantes de comunidades cercanas a la frontera aseguran que la reducción del flujo comercial ha provocado una caída significativa en sus ingresos. Durante años, el comercio informal y formal entre ambos países fue una fuente clave de sustento, especialmente en zonas donde las oportunidades laborales son limitadas.
Sin embargo, la imposición de aranceles y controles más estrictos ha encarecido productos y desincentivado el intercambio, afectando directamente a pequeños comerciantes, transportistas y familias que vivían del día a día. La situación se ha agravado con la disminución del tránsito de compradores colombianos hacia mercados ecuatorianos, lo que ha generado una contracción económica local.
Representantes del sector advierten que, más allá de las decisiones macroeconómicas, el impacto real se siente en los hogares que han perdido su principal fuente de ingresos. Algunos incluso han optado por migrar o cambiar de actividad ante la falta de alternativas.
Expertos señalan que este tipo de conflictos comerciales, aunque buscan proteger industrias nacionales, suelen tener efectos colaterales en regiones fronterizas, donde la economía está profundamente integrada entre ambos países.
Mientras no se logren acuerdos que flexibilicen las condiciones comerciales, las familias del Carchi continúan enfrentando un panorama incierto, con ingresos reducidos y pocas opciones para reactivar su economía.