El caudal del río Paute, eje del principal complejo hidroeléctrico del país, se desplomó de aproximadamente 90 a 18 metros cúbicos por segundo en diciembre de 2025, reactivando temores sobre la disponibilidad de energía en Ecuador a corto plazo. Pese a esta caída pronunciada y al descenso de más de 10 metros en la cota del embalse de Mazar, el Gobierno aseguró que no habrá apagones inmediatos, mientras los pronósticos del clima sugieren un posible retorno gradual de las lluvias a partir de principios de enero de 2026.

El río Paute, cuya agua alimenta el complejo hidroeléctrico Paute Integral clave para la generación de electricidad en Ecuador , ha visto una reducción acelerada de su caudal durante diciembre, pasando de cerca de 90 m³/s a niveles tan bajos como 18 m³/s, según los últimos datos difundidos por especialistas y técnicos del sector energético.
Este descenso se explica por la falta de lluvias persistente en la cuenca del río, que ha mantenido a gran parte del país sin precipitaciones significativas por más de 20 días consecutivos, reduciendo la aportación de agua a las represas e incrementando la presión sobre las reservas disponibles.
El embalse de Mazar, uno de los principales reservorios del sistema y pieza fundamental para la generación de electricidad hidroeléctrica, ha mostrado un descenso de más de 10 metros desde principios de diciembre, pasando de su nivel máximo de 2 153,28 m.s.n.m. a unos 2 142,37 metros sobre el nivel del mar, una disminución significativa reflejo de la reducción de aportes hídricos.
A pesar de estas cifras, la ministra de Energía y Recursos Naturales no Renovables, Inés Manzano, y voceros del Ejecutivo han insistido en que no existe riesgo inmediato de apagones generalizados. Según el Gobierno, el sistema eléctrico aún mantiene reservas suficientes y mecanismos de respaldo incluyendo generación térmica y acuerdos regionales de suministro para sostener el servicio al menos en el corto plazo.
Una pieza clave de ese respaldo es la importación de energía desde Colombia, garantizada hasta marzo de 2026 mediante acuerdos bilaterales, lo cual ha permitido a Ecuador compensar parte del déficit generado por la baja hidroeléctrica y mitigar la necesidad de cortes programados o racionamientos inmediatos.
Expertos del sector energético, sin embargo, advierten que la velocidad de consumo de las reservas de agua es lo más preocupante, más allá del nivel actual de los embalses. Si las lluvias no regresan con fuerza en las próximas semanas, el ritmo de descenso podría poner al sistema bajo tensión, obligando a medidas más estrictas para gestionar la demanda de electricidad en el primer trimestre de 2026.
Según pronósticos oficiales del Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología (INAMHI), aunque diciembre fue especialmente seco, se espera que las precipitaciones comiencen a regresar de forma gradual desde el 3 de enero de 2026, lo cual podría aliviar la situación de las cuencas hidrográficas y frenar la caída del caudal del río Paute si se consolidan las lluvias fuertes en la región andina.
La situación reaviva la discusión sobre la dependencia de Ecuador de la energía hidroeléctrica y la necesidad de diversificar la matriz energética para enfrentar eventos climáticos extremos, incluyendo el desarrollo de fuentes alternativas y mayores reservas de generación térmica o renovable que puedan garantizar la estabilidad del suministro eléctrico en periodos secos