Los delincuentes efectúan débitos no autorizados luego de contactar a sus víctimas mediante llamadas telefónicas. Las entidades recomiendan presentar la denuncia por escrito, de forma formal y documentada.

En Ecuador ha surgido un fraude que cada día gana más terreno y víctimas. Los estafadores se hacen pasar por funcionarios bancarios y contactan a los clientes por teléfono con el objetivo de recopilar datos sensibles. Con esa información, logran acceder a las cuentas y realizar transacciones sin consentimiento.
Una de las afectadas, a quien llamaremos “Mariana”, relata que recibió una llamada en la que un hombre aparentaba ser asesor de su entidad financiera. Para resultar creíble, el impostor conocía su información personal y le aseguró que mantenía un monto disponible a su favor. Minutos más tarde, el sujeto llegó a su vivienda y, con el pretexto de validar el beneficio, le solicitó ver su tarjeta de débito. Ella accedió a mostrarla sin imaginar el riesgo. Poco después, al revisar su cuenta, comprobó que le habían sustraído 400 dólares mediante un cobro electrónico que nunca autorizó.
Las alertas sobre este tipo de engaños han encendido las alarmas en el país. Las instituciones financieras y autoridades recomiendan desconfiar de cualquier contacto que exija exhibir tarjetas o compartir claves. También piden que los afectados formalicen las denuncias únicamente por canales oficiales y, preferiblemente, por escrito para dejar constancia del hecho.

Este tipo de fraude digital, denominado vishing, ha escalado con fuerza en Ecuador. La táctica consiste en engañar a los usuarios mediante llamadas donde los estafadores simulan representar a instituciones financieras, con el fin de capturar datos confidenciales. Ante este escenario, Andrés Vega, director Jurídico de la Cámara de Innovación y Tecnología Ecuatoriana (CITEC), enfatizó que un banco legítimo nunca recurrirá a este método para solicitar claves, números de tarjeta o cualquier información que comprometa la seguridad de sus clientes.
Vega explicó que los timadores no actúan al azar: diseñan un discurso persuasivo que busca influir en el estado emocional de las personas, aprovechándose de la angustia, la euforia o la sorpresa para manipular a las potenciales víctimas. “No es casualidad. Aplican estrategias de persuasión porque conocen cómo sacar provecho de los puntos débiles humanos”, advirtió el especialista, quien también señaló que estos grupos emplean técnicas psicológicas calculadas para aumentar su efectividad al momento de convencer.
Tras concretar la estafa, los responsables se esfuman sin dejar rastro. Los contactos telefónicos utilizados para el engaño suelen ser de corta duración y, en muchos casos, no permiten una trazabilidad técnica, lo que complica identificar a quienes están detrás del delito.
La mayoría de la información con la que cuentan los impostores proviene de dos fuentes recurrentes: bases de datos vulneradas que se comercializan en el mercado negro digital y perfiles abiertos en redes sociales donde los usuarios exponen datos personales sin medir el alcance.
Frente a esta amenaza, los expertos recomiendan tomar medidas preventivas, entre ellas:
Recomendaciones para evitar caer en vishing:
- No compartir contraseñas, códigos de seguridad, números completos de tarjetas o claves transaccionales por llamadas o mensajes.
- Desconfiar de supuestas ofertas, reembolsos o beneficios inesperados que generen urgencia emocional.
- Nunca mostrar o entregar físicamente tarjetas a desconocidos, aunque aleguen ser de un banco.
- Verificar cualquier aviso únicamente con la entidad financiera llamando al canal oficial.
- Evitar publicar en redes sociales datos como: cédula, teléfono, dirección, ni fotos visibles de tarjetas.
- Activar notificaciones bancarias para identificar movimientos inusuales en tiempo real.
- Reportar intentos de fraude a los bancos y formalizar la denuncia por escrito ante las autoridades competentes.
- Eliminar y bloquear números sospechosos; no devolverles la llamada.
- Actualizar con frecuencia las credenciales bancarias y habilitar la autenticación de dos factores.