Roberto Nastasi es señalado por las autoridades como el presunto líder de una red de narcotráfico que operaba en Guayaquil, mientras mantenía una imagen pública de empresario para encubrir sus actividades ilícitas.

De acuerdo con las investigaciones, Nastasi habría utilizado empresas y negocios legales como fachada para mover dinero y coordinar operaciones vinculadas al tráfico de drogas, aprovechando su perfil empresarial para no levantar sospechas.
Las indagaciones apuntan a que la estructura criminal tenía conexiones logísticas y financieras que le permitían operar desde la ciudad de Guayaquil, considerada un punto estratégico para el envío de cargamentos de droga hacia mercados internacionales.
Las autoridades sostienen que el esquema incluía el uso de compañías formalmente constituidas, movimientos financieros aparentemente lícitos y una red de colaboradores que facilitaban el ocultamiento del origen ilegal de los recursos.
El caso forma parte de una ofensiva más amplia contra organizaciones criminales dedicadas al narcotráfico, en la que se busca desarticular no solo a los operadores directos, sino también a quienes lideran y financian estas estructuras desde entornos empresariales.
Con este proceso, las autoridades refuerzan la tesis de que el narcotráfico en el país ha adoptado modelos cada vez más sofisticados, infiltrándose en el ámbito empresarial para camuflar sus operaciones y evadir los controles del Estado.